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“No quiero que valgas la pena, quiero que valgas el tiempo, que valgas las risas, que valgas los sueños, que valgas las palabras, que valgas las renuncias, que valgas los cambios, que valgas cada momento.”
Había una vez un campesino gordo y feo
que se había enamorado (¡cómo no!)
de una princesa hermosa y rubia.
Un día, la princesa (ve a saber por qué)
le dio un beso al feo y gordo campesino…
Y, mágicamente, éste se transformó
en un esbelto y apuesto príncipe…
(Por lo menos, así lo veía ella.)
(Por lo menos, así se sentía él.)